Promoción de viviendas asequibles
Las familias trabajadoras lo hicieron todo bien, pero el sistema cambió las reglas del juego. Las grandes empresas de inversión están comprando viviendas de primera mano y volviéndolas a alquilar a precios más elevados. Las normas de urbanismo y de concesión de licencias hacen que sea ilegal construir viviendas en los lugares donde la gente realmente vive y trabaja. Los constructores, especialmente los pequeños y locales, no pueden acceder a financiación en las comunidades que más necesitan viviendas. Las viviendas para rentas bajas y moderadas han desaparecido, lo que obliga a las familias a permanecer más tiempo en las viviendas de primera adquisición y endurece todo el mercado. Cuando la oferta se ve restringida artificialmente, los alquileres suben, perjudicando a los inquilinos y presionando al mismo tiempo a los pequeños propietarios. Esto no es el libre mercado, sino más bien un mercado amañado basado en la escasez. Debemos poner fin a la especulación de Wall Street, legalizar las viviendas que realmente necesitamos, convertir los edificios vacíos en hogares, desbloquear la financiación y los créditos fiscales para los constructores en las comunidades desatendidas, y poner en marcha los terrenos federales y las propiedades en dificultades, todo ello para ofrecer más viviendas a las familias trabajadoras y menos a los fondos de cobertura.